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LA FIEBRE, UNA GRAN ALIADA EN LA SALUD DE SUS HIJOS


LA FIEBRE, UNA GRAN ALIADA EN LA SALUD DE SUS HIJOS.

La fiebre es probablemente el síntoma más frecuente en los niños, por lo tanto, una de las razones más comunes para buscar atención médica en la edad pediátrica, ya que produce mucho temor en los padres y en la mayoría de los casos se afronta y trata de forma incorrecta.

Debemos aclarar, que la fiebre no es una enfermedad. El aumento de la temperatura en el cuerpo es un signo de alerta; traduce que el organismo está combatiendo una enfermedad o una infección, y en ese sentido es una señal positiva, ya que indica que el sistema inmune se está protegiendo de una agresión, es por lo anterior, que ante un cuadro febril, lo más importante es buscar la causa de la alteración y tratar de disminuir el malestar del niño. Siempre hay que cuantificar la temperatura y tener en cuenta que cuando supere los 38.5 °C, sí se aconseja darle algún antipirético, además, la fiebre por sí misma no ocasiona secuelas a los pacientes.

DEFINICIÓN

Se define la fiebre como una temperatura corporal por encima de lo normal, que varía según el sitio de medición: rectal por encima de 38 °C, oral por encima de 37.8 °C y axilar por encima de 37.2 °C. La temperatura corporal promedio es de 37 °C y en condiciones normales puede fluctuar durante el día, desde una cifra baja como 36.1 °C en la mañana (5:00 a.m.) hasta 38 °C en la tarde. Elevaciones moderadas que van hasta 38.5 °C pueden ser causadas por ejercicio, exceso de abrigo,iempo caluroso o alimentos o bebidas calientes. Si al momento de evaluar un paciente se sospecha una de estas causas, se corrige y se vuelve a medir la temperatura después de media hora.

MITOS SOBRE EL MANEJO DE LA FIEBRE

Por lo general, el aumento de la temperatura es inocuo para los pacientes y es una respuesta normal del organismo contra una agresión causante de una enfermedad.

El bloqueo innecesario de este síntoma puede impedir la activación adecuada del sistema inmune. Por tanto, la recomendación de los pediatras es aprender a manejarla de una manera racional.

Mitos

  •  La fiebre es una enfermedad.
  • Está establecido que un niño tiene fiebre cuando su temperatura es superior a los 37,5 °C.
  • Debe hacerse todo lo posible por bajar la fiebre ante el primer episodio de subida de temperatura.
  • Se debe acudir a una consulta médica o urgencias, apenas se inicia la fiebre.
  • Para bajar la temperatura se sugiere bañar a los niños con agua fría y colocarles bolsas de hielo en la frente.
  • Se recomienda dar a los niños fármacos a base de ácido acetilsalicílico (aspirina) para bajar la temperatura.
  • Los antibióticos son los medicamentos más eficaces para disminuir la fiebre.
  • El termómetro de mercurio es el instrumento más recomendado por los pediatras para medir la temperatura.
  • Hay que obligar a los niños a comer, porque de lo contrario pueden debilitarse más.
  • Es deseable que los niños con fiebre permanezcan bien abrigados.
  • La fiebre alta causa que el niño convulsione.
  • Las convulsiones ocasionan secuelas permanentes a los pacientes, como sordera, parálisis y daño neurológico.

Todo lo anterior corresponde a conceptos erróneos, que no corresponden a la realidad.

Manejo del niño febril

Una buena historia y un buen examen clínico, son absolutamente indispensables para la búsqueda sistemática de los focos infecciosos más corrientes. En caso de ausencia de signos clínicos sospechosos, se examinará de nuevo al niño al cabo de 24 a 48 horas.

Una parte fundamental del examen clínico, es la observación global del paciente, la cual tiene por objeto evaluar la presencia o la ausencia de signos que afecten el aspecto exterior y el comportamiento general del paciente (expresión facial, actitudes, reacciones, etc.) y que puedan sugerir una enfermedad infecciosa potencialmente grave.

Tratamiento sintomático de la fiebre

Todos los niños con fiebre estarán más cómodos con la administración de líquidos extras, disminución al máximo de la ropa, reducción de la actividad, manteniendo una temperatura ambiental normal con buena circulación de aire en la habitación, para que haya una pérdida de calor apropiada. Si siente frío o presenta escalofríos, se le cubre convenientemente, hasta cuando se eleve la temperatura y desaparezca el escalofrío.

Medios físicos

Se pueden utilizar los baños tibios y compresas húmedas; hay que proscribir el uso de alcohol y agua helada, pues agravan la vasoconstricción superficial y pueden provocar colapso, especialmente en los lactantes, además de los peligros de intoxicación ligados al uso del alcohol.

Por otra parte, el descenso de la temperatura corporal conseguido por medios físicos es de breve duración, provoca aumento del metabolismo basal, favorece los escalofríos y a la mayor parte de los niños le provoca incomodidad.

En caso de emplear este método, el mejor resultado es administrar media hora antes un antipirético, con el fin de bajar el termostato, evitando así los escalofríos provocados por el desajuste entre la temperatura de la piel y el regulador hipotalámico. Si se van a usar antipiréticos, en general, no acudir a ellas si las temperaturas no son mayores de 38.5 °C, pero preferiblemente, de acuerdo al malestar y al aspecto del niño, (esta es realmente la mejor indicación para el uso de antipiréticos). Los más ampliamente utilizados en la actualidad son acetaminofén e ibuprofeno.

Otras sustancias como dipirona, fenacetina, etc., deben ser definitivamente eliminadas a causa de su elevada toxicidad. Mientras el ibuprofeno ofrece actividad analgésica, antiinflamatoria y antipirética, el acetaminofén tiene efectos limitados a antipiresis y a la analgesia. Farmacológicamente, ambos medicamentos actúan centralmente inhibiendo la acción del pirógeno endógeno en los centros termorreguladores hipotalámicos, suprime la síntesis de prostaglandina y la subsecuente vasoconstricción periférica y conservación de calor; dada la asociación de la aspirina con el síndrome de Reye ha dejado de emplearse y se ha reemplazado con el ibuprofeno, al cual no se le ha encontrado tal asociación.

Una ventaja potencial del ibuprofeno, es que su sobredosis tiene efectos tóxicos menos severos que la del acetaminofén.

Las causas principales de morbilidad y mortalidad en la intoxicación por ibuprofeno son falla renal aguda y cambios del sistema nervioso central, incluyendo apnea, que son manejados más fácilmente que la falla hepática aguda secundaria a la intoxicación por acetaminofén.

En el niño bien hidratado con función hepática y renal normal, el acetaminofén, es seguro a la dosis de 15 mg/kg cada 4 horas (6 tomas), aun cuando el inserto del producto recomienda un máximo de 5 dosis en 24 horas. La dosis recomendada de ibuprofeno es de 10 mg/kg cada 6 horas para temperaturas por encima de 38.9 °C.

Recomendaciones generales

  • La fobia a la fiebre es una angustia innecesaria para los padres. Los médicos y enfermeras que proporcionan cuidado a los niños pueden ayudar a los padres a tener una mejor perspectiva de la fiebre.
  • Enfatizar que la presencia de fiebre no implica automáticamente tratamiento; resaltar que los efectos peligrosos de la fiebre son raros; insistir en el hecho de que la fiebre es una respuesta normal del organismo a la infección y aún puede tener efectos benéficos, como limitar la replicación de algunos virus comunes.

Desde el punto de vista educacional a los padres en la primera visita de un niño sano, son importantes las recomendaciones sobre cuándo, por qué y en qué momento consultar al médico.

Acudir al pediatra si

  • Es menor de 3 meses y tiene una temperatura mayor 38 °C.
  • Su niño está letárgico o irritable o si ha tenido fiebre por más de 3 días.
  • El niño se queja de dolor de garganta o muestra signos de dolor de oído.
  • Tiene síntomas adicionales como dolor abdominal o dolor para orinar.
  • Su niño no está tomando líquidos o tiene cantidad disminuida de orina.
  • Si están preocupados por la respiración, nivel de actividad, ingesta o pérdida de líquidos, tengan o no fiebre.

En resumen, aunque la fiebre puede ser un síntoma alarmante asociado con enfermedades serias, su tratamiento es mucho menos crucial que la evaluación y causa de la misma.

La fiebre es solo un síntoma que necesita ser evaluado en el contexto global del cuidado del paciente.

Referencias:
Revista Harker Edición 1 - 2015.


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